Virgen del Prado

NOTAS HISTORICAS ALREDEDOR DE LA IMAGEN DE LA SANTISIMA

VIRGEN DEL PRADO

Por Hermenegildo Gómez Moreno

Fragmentos que cortaron de la Imagen de la Virgen del Prado.- Esculturas que con estos fragmentos hizo el Lic. D. Antonio Poblete de Loaísa,- Nuestra Señora del Prado en Lima.-Hecho milagroso ocurrido en las aguas de los mares del Nuevo Continente por intercesión de la Virgen del Prado.

La sagrada imagen de nuestra Patrona, cuando fue hallada por Floraz en la cueva de Velilla de Jiloca, como decimos en otro lugar, era sentada, a la forma de matrona romana, figura que conservó hasta principio del siglo XVI que fue trasformada en la forma actual. La imagen fue mutilada por los pies y por delante en las rodillas, para que pareciese parada siendo como era sentada.

Algunos historiadores han censurado duramente dicha mutilación, sin tener en cuenta la mentalidad de aquellos tiempos en el que igualmente fueron transformadas más de cien esculturas de Vírgenes antiquísimas, -como indica Lafuente en su libro: "La Iconografía Mariana de España en la Edad Media". Ni siquiera tratan de investigar cuál fue la razón de tal reforma. Nosotros lo vemos de otra manera.

La intención de aquellos innovadores, no pudo ser otra, que el considerar la imagen parada más propicia para lucir mejor sus mantos, joyas y coronas, y parecer, de esta forma, que su divino rostro deslumbra más la belleza y la emotividad que causa en sus devotos. Otra idea no cabe en un siglo tan fervientemente religioso y con un rey tan católico como Felipe II. Darle a esta reforma otro carácter sí que es verdaderamente censurable.

Con los fragmentos cortados a la sacrosanta imagen, dice e! Padre Joaquín de la jara, célebre historiador de nuestra Patrona, que fueron hechas otras esculturas de Vírgenes pequeñas, siendo una de ellas, la tallada por Antonio Poblete de Loaisa, que él mismo llevó al Perú y en la actualidad, con la misma advocación del Prado, es venerada en la iglesia de Recoletas Agustinas de Lima, donde cuenta con numerosos devotos.

Pertenecía Antonio Poblete de Loaisa a una de las más distinguidas familias de Ciudad Real. Dedicó sus primeros años al estudio, graduándose de Licenciado. A la edad de elegir estado se casó con una mujer de conocida virtud aunque desigual en linaje. No agradó a sus parientes este matrimonio y por el cual llegaron a retirarle todo trato familiar. Tuvo una hija y, aunque tarde, quiso tomar oficio para mantener a su familia, Fue pintor escultor y a pesar que no descubrió gran habilidad en estos oficios, fue bastante para sufragar el sustento de los suyos, y realizar dos magníficas obras que le dieron gloria y celebridad en la posteridad. Fue, una de ellas, la pintura del cuadro de Nuestra Señora de los Remedios, en cuya ermita, hasta nuestros días, se le dió culto público. La segunda, la talla de la imagen de la Virgen que llevó al Perú.

El Rvdo. P. Alonso Villerino, agustino del convento de Almagro, en el tomo tercero de su "Esclarecido Solar", impreso en Madrid, año 1694, titula su capítulo 35 "Del convento de Nuestra Señora del Prado de la ciudad de Lima" en el cual se ocupa extensamente de la imagen tallada por Pobrete y de su escultor. Dice el citado Fr. Villerino que nuestro paisano fue, en aquellos tiempos, uno de los mejores hijos de Ciudad Real y uno de los más fieles devotos de la Santísima Virgen, elegido por la Divina Providencia para ser el propagador del culto de Nuestra Señora del Prado en las lejanas tierras del Nuevo Continente. A continuación nos relata cómo ocurrieron estos sucesos y las vicisitudes que tuvo que vencer hasta llevar a efecto su religiosa misión.

Había por entonces, entre los nobles de la ciudad, la santa costumbre de fundar "hospitalillos" de reducido número de camas para la asistencia de necesitados. Junto a estos hospitales se solía levantar una ermita en donde se daba culto a la imagen de la Virgen o Santo a cuyo patrocinio se había puesto la obra benéfica. De aquí las numerosas ermitas que existían en nuestra ciudad por les siglos XV y XVI. Cuando estos hospitales por cualquier circunstancia desaparecían, las ermitas quedaban abandonadas.

Una de estas ermitas, situada en la "era del cerrillo", fuera de las murallas de la ciudad, fue la de Nuestra Señora de Gracia. en donde Poblete halló, en el más profundo abandono, entre cortinas de tela de araña y montones de basura, una imagen de la Virgen, tan sucia, deslucida y maltratada, que solicitó del santero (que a su vez era pastor de cabras y había convertido el santo lugar en establo de su ganado) le dejara sacar la sagrada escultura para devolverle el debido adorno. El rústico se negó fuertemente, diciendo que no podía concederla sin el permiso de la dueña de aquellos terrenos, señora que allí le tenía puesto. Informado Poblete de las señas de la propietaria pasó inmediatamente a pedirle la imagen, ruego que fue gustosamente concedido.

Nuestro devoto escultor trasladó gozoso la imagen a su casa y allí, con el gran amor que le inspiraba la Santísima Virgen realizó su obra de reconstrución, con tal belleza, que todos los que la vieron quedaron admirados. Las iglesias de la ciudad hicieron pretensión de ella y el la concedió al templo de Santa Brígida en donde se fundó cofradía y se le dió culto bajo la advocación de Nuestra Señora de la Encarnación.

Por entonces, aún estaba sentada la imagen de Nuestra Señora del Prado. Parecióles a sus devotos que la imagen de nuestra Patrona aumentaría su belleza al ponerla como la de la Encarnación, y propusieron al licenciado Poblete si podría lograr el intento de poner la Virgen del Prado, en la misma forma que la de aquella.

Sigue diciendo el P. Villerino que, fueron muchos los escrúpulos puestos por Poblete para llevar a efecto tal obra, no atreviéndose poner sus manos sobre la sagrada imagen. Tanto insistieron el párroco, regidores y mayordomos de la Virgen, que al fin accedió a ayudar al escultor Francisco Carrillo que parecía estar más dispuesto. Cogió Carrillo el hacha y al quererla mover, sintió tal miedo, que casi se le cayó de las manos. El cura y regidores le animan. Al primer hachazo que dió Carrillo sobre la pierna izquierda de la imagen, que era la que más sobresalía, cayó una piedra de lo alto que si no causó daño alguno si llenó de terror a los presentes. Repuestos y movidos de que no podían dejar así la imagen, por estar destrozada y a medio cortar la pierna. empleando instrumentos más decorosos, terminó la obra empezada, dejando la santa imagen en la disposición que sus devoto deseaban. Sucedieron estos sucesos a principios del siglo XVI.

Los despojos, los más menudos, fueron repartidos como reliquia entre los presentes y debidamente guardados los fragmentos mayores.

Unos años después de estos sucesos, movido, quizás, por inspiración de la Divina Providencia, nuestro célebre escultor determinó pasar a las Indias, y sin despedirse de nadie, acompañado de su esposa e hija, sale de Ciudad Real con su imagen camino hacia el Nuevo Mundo.

Llegó a Sevilla, donde la tardanza del arreglo de la flota detúvole tres meses. Juntándose con esta dilatación las dificulcultades que encontró en la casa de la contratación para pasar a las Indias, le pareció fracasado su intento. Más, cuando ya su viaje parecía imposible, se encontró un día con un buen amigo, un tal Machuca, que pasaba con honorífica ocupación al Perú. Informado el referido Machuca del negocio de su amigo se ofreció ayudarle, y como de su familia llevó a Poblete y a los suyos hacia Cartagena de las Indias, capital de la Nueva Granada.

Se pusieron a bordo en abril del año 1576. Llegaron a Cartagena de donde pasaron a Panamá. Allí, Poblete y familia, con la venerada imagen, embarcáronse de nuevo con dirección a Puerto Perico, grupo de las islas del Golfo de Panamá. A pocos días, aunque navegaban con viento próspero, una fuerte tempestad puso en peligro la embarcación.. Sacó Poblete su sagrada imagen e implorando todos su intercesión, al momento sobrevino la Calma. En acción de gracias no cesan las alabanzas de aquellos marineros a nuestra Virgen del Prado, la cual, de este modo, se llena de gloria a su paso por los mares del Nuevo Continente.

Llegó Poblete y los suyos con la venerada imagen a la ciudad de Lima. Acompañado siempre de la imagen de la Virgen peregrina por aquellos países, y por todas partes, nuestra Excelsa Señora prodiga sus dones conquistando nuevos corazones.

Al morir la esposa de Antonio Poblete, éste determina ordenarse de sacerdote. Ya presbítero fija su residencia en la ciudad de Lima, ocupando una capellanía en el Hospital de San Diego. en donde, por primera vez, recibe culto público de los limeños nuestra Virgen del Prado.

Ya anciano el venerable padre Poblete de Loaísa, dona la Santa Imagen a las Madres Recoletas de la citada ciudad de Lima y en donde su hija había profesado. A su muerte fue enterrado en la capilla del citado convento, y en donde, desde hace cuatro siglos, recibe adoración nuestra Señora, Santa María del Prado,

Descripción histórica del Santuario de Nuestra Señora del Prado.- Acta de la reconstrucción de la torre.- Capillas y Camarín de la Virgen.

Los devotos aldeanos de Pozuelo Seco fueron fieles a la palabra dada a Colino. Rápidamente erigieron la primitiva Casa de su Celestial Señora. Muy modesto fue el primitivo templo de la Señora del Prado por la falta de recursos de los pozueleños, enriquecido después, a través de los siglos, con las valiosas aportaciones de sus devotos.

En el año 1244, cuando fue visitada la aldea por la reina doña Berenguela y sus hijos, los reyes don Fernando y doña Juana, recibió gran impulso la fábrica de esta iglesia, gracias a la ayuda de estos regios huéspedes. Por este tiempo fue elevada a la categoría de parroquia, bajo la advocación de Santa María del Prado, nombrándose los clérigos necesarios para su servicio.

Lo más antiguo que hay en Ciudad Real de arquitectura religiosa es la puerta principal de la iglesia del Prado de la calle de los Reyes. Esta portada, último resto de la iglesia primitiva, es de las postrimerías del siglo XIII. Tiene un arco apuntado, otras dos resaltados y con ligeras reminiscencias del arte bizantino. Los arqueólogos hacen notar que alguna vez fue desguazada y vuelta a montar, y tal vez no lo fuera en el mismo sitio, como indica algún error cometido en el nuevo montaje de sus dovelas.

Don Rafael Ramírez de Arellano, célebre arqueólogo, en su obra titulada: "Ciudad Real Artística" publicada en 1893, describe con todo detalle el Templo de Nuestra Señora, tal como él lo pudo observar a finales del siglo pasado. Empieza por la descripción del imafronte, consignando que, además de la puerta (le la calle de los Reyes, ya descrita, existe una claraboya de rosetones lobulados pertenecientes al siglo XIV. Y no habiendo en el muro huellas de dos construcciones distintas, supone el señor de Arellano que el desguazamiento del arco y la construcción de la claraboya pertenece a un mismo período, o lo que es lo mismo, que en el lugar del templo actual hubo tres: uno primitivo, al que corresponde la puerta en su primer estado, un segundo templo, al que pertenecieron la (puerta desmontada y vuelta a montar y el rosetón; y un tercero, el actual, en el que se respetó el imafronte del segundo, sin hacer otra cosa que voltear un gran arco, que se ve sobre el rosetón, y elevar los muros hasta la altura actual.

El imafronte no tiene nada de particular más que cuatro robustos botareles, hechos en el siglo XVII, para fortificar la fábrica que ya estaba ruinosa, cuyas obras de estribos y contrafuertes, según asegura don Inocente Hervás, en su "Diccionario", se contrató por la Iglesia con el maestro cantero, Ignacio Vélez Calderón, en julio del 1561.

Sigue detallando, el célebre arqueólogo, la parte de la iglesía correspondiente al paseo del Prado, empezando por la puerta, llamada del Sol, de estilo ojival decadente. La forma un arco adintelado encerrado en otro redondo, y éste a su vez, en un conopio que termina en un tope de grandes hojas de cardo. El tímpano, relleno, tenía en el centro una imagen en piedra de la \ "irgen y a los lados sendas macetas de flores con azucenas, que fueron las armas de la parroquia. En el tímpano del conopio se veían las armas de San Francisco, lo cual hace suponer que se hizo a expensas de la Orden o por lo menos con su intervención y ayuda. Las huellas de esta ornamentación fueron tapadas en las obras realizadas a principio de este siglo.

Esta portada está encajonada, entre un botarel que rodea al primitivo, siendo el actual de la misma construcción y fecha que los del imafronte y la sacristía vieja, obra del siglo XVI, que tiene por su parte exterior en una esquina un reloj de sol, un friso de bichas y caprichosas figuras del renacimiento y otro friso, junto al alero, formado por cabezas de serafines y discos convexos, ornamentaciones casi borradas en la actualidad. En el segundo cuerpo se abre una preciosa ventana de estilo compuesto, y que es un modelo del renacimiento, cuando iba perdiendo su carácter español para convertirse en el arte neolatino.

Sigue a esta construcción la de la sacristía nueva, que no tiene nada de notable y que fue construída en 1632.

Al lado opuesto al que acabamos de describir, presenta otra portada, la Puerta de la Umbría, del siglo XVI, con un arco ojival conteniendo otro adintelado y flanqueados ambos por graciosos pináculos. Toda la ornamentación está encerrada en un robusto arco saliente construído para fortaleza del templo.

La torre no ofrece nada notable. En el año 1.780 hubo que derribar la parte alta porque amenazaba ruina. El 20 de septiembre de 1817 se empezó su reedificación. Es muy interesante el acta que se enterró con la primera piedra de la obra, cuya copia figura en el libro 2 7 de bautismos de la parroquia, folio 100 y• vuelto y siguientes. Dice así:

"Copia de lo contenido a la letra en el pergamino colocado en una caja de plomo y está en la primera piedra de erección de la torre de la iglesia parroquial mayor de Nuestra Señora del Prado; en cuya caja se pusieron igualmente dos guías de forasteros, una del estado eclesiástico, secular y regular, y la otra del político Y militar, ambas de este año de 1817 con las monedas siguientes: un duro fabricado en dicho año, una pieza de dos cuartos del mismo, un real de plata de la proclamación de nuestro monarca don Fernando VII y un realito de ocho cuartos y medio de dicha aclamación".

"Principiáse esta torre el sábado día 20 del mes de septiembre año 1817 reinando en las Españas el Sr. Don Fernando VIL, gobernando la Silla de San Pedro, Nuestro Santo Padre Papa Pío VII, siendo arzobispo de Toledo el Excmo. Sr. Cardenal de Scala, Don Luis de Borbón, y Vicario eclesiástico de esta ciudad de Ciudad Real y su partido el Sr. Dc. D. Manuel Antonio del Campillo y Castaños; cura párroco de esta Iglesia Mayor de Nuestra Señora Santa María del Prado, el Sr. don Alonso López Noajas, Mayordomo de fábrica, don Pedro Sánchez del Pulgar, presbítero; intendente de esta provincia, capital de la Mancha, don Pedro Nolasco Vélez; corregidor, don Fermín Díaz; la planteó y construyó el arquitecto académico de mérito de la Real Academia de San Fernando, don José Joaquín de Troconiz; su aparejador, don Joaquín Romero, natural y vecino de esta ciudad".

"Beneficiados de dicha iglesia mayor, el dicho Sr. don Pedro Sánchez del Pulgar, don Lorenzo Antonio Gil de Almansa, don Juan Mata de Gómez y don Luis Valverde Saravia".

"Capellanes: don José Sabariegos, don Fernando Muñoz, don Benito Salcedo, don Dionisio Ruiz del Valle, don José María Ormaza, don Antonio García Alarcón, don Antonio Molina, don Santos Encina y los diáconos, don León Toral, don Agustín Al cázar, don Joaquín Maldonado y don José García. Sochantre, Tomás García; Organista, Fr. Juan del Santísimo; sacristán, Pedro Cazalla; pertiguero, Esteban González; campanero Juan Ruiz del Valle".

"Individuos del ilustre Ayuntamiento: regidores, don Diego Muñoz, don Vicente Curruchaga, don Félix Martínez, don Ramón García, don Manuel Mena, don Alvaro Maldonado y el síndicn, don Manuel Recio".

"Diputados: don Juan Plaza, don Juan Salcedo, don José Sendarrubias y don José Martín. Escribano, don Manuel Dávila; portero, José García; Alcalde barrio, don Juan Velázquez".

"Certifico, yo el Notario Mayor del tribunal eclesiástico de esta ciudad de C iudad Real, y del expediente de la obra; ser efectivo cuanto se expresa, y en fe de ello lo firmo. Pedro León Patiño. Lo escribió José Antequera, sacristán de dicha iglesia mayor".

El ábside, por su parte exterior, está rodeado de construcciones modernas; tales 'como el camarín de la Virgen.

La iglesia toda aparece cubierta sobre las bóvedas por arma dura y tejado `'y en la parte más alta del ábside hay una inscripción que dice: "Se acabó esta obra año de 1764, siendo cura D. Juan Antonio Fernández y Mayordomo, don Diego García de León".

Descrita la parte exterior, veamos el templo por dentro. En su parte interior presenta la iglesia un ábside poligonal cubierto por una grandísima bóveda de nervios que vienen a juntarse en florones dorados de forma estalactítica. En cinco de sus lados tuvo grandísimas ventanas con cinco parteluces cada una, de las que sólo dos están practicables, habiendo perdido las primorosas labores de la ojiva. Tres están tapiadas y cubiertas por el retablo mayor.

Aparte de la portada y claraboya del imafronte, que pertenecen a construcciones anteriores, lo más antiguo que existe, en este templo, es el ábside, pero con una antigüedad de un siglo por lo menos. Basta ver el ábside por la parte de afuera, en donde no tiene revestimiento de cal, y examinar las marcas de los canteros para apreciar que esta parte del edificio corresponde a comienzo del'"siglo XV.

La tercera parte o fase de ampliación de la iglesia del Prado se construyó, como tantas otras que en España se quisieron engrandecer, procurando se hiciera la obra sin interrumpir el culto. y por lo tanto se empezó por el ábside, lo más lejano de la iglesia primitiva, de manera que, al derribar la antigua ermita, se llevara a imagen de la Virgen a una buena parte de la iglesia nueva y- interrumpir un solo momento el culto.

Los constructores tuvieron el buen juicio' de no cambiar la orientación y al hacer el ábside dejaron hechos los arranques de la bóveda que había de seguirse construyendo delante de aquél. Concluyeron la obra en el transcurso de mucho tiempo, en el tiempo que media entre principio del siglo XV, en el que hicieron el ábside, y los fines del XVI en que cerraron las bóvedas de los pies de la iglesia. Obra de singular audacia y maestría, reduciendo a una sola y amplísima nave una iglesia de tres, apoyándose en sus viejos muros laterales de mampostería, reforzados por el exterior y elevados a doble altura, voltear arcos y bóvedas sobre un vano de diez y siete metros y medio de luz, empresa atrevida para los técnicos de ahora, que resolvieron con gallardía y soltura los maestros artesanos de entonces.

Por el lado del Evangelio, había un arco ojival, entrada de una de las antiguas capillas, según el padre Jara, con los escudos de armas de la Casa de Treviño, seguido de otro arco más moderno que da paso a la escalera del Camarín de la Virgen y a Ir, antigua capilla de los Foces. En el espacio en donde hoy está la citada escalera, estuvo la capilla de San Miguel.

En el fondo de la iglesia, hasta principio de siglo, ocupado por el coro, obra del renacimiento, muy parecida en su corte y pormenores a la sacristía vieja y al coro de San Pedro. Tenía muchos relieves representando santos de buen dibujo, metidos en sendos recuadros. La parte de mampostería fue construida en 1581 por el cura párroco, licenciado, Manzano, con Antonio Fernández.

En el lado de la epístola, dentro del ábside, había una capilla con bóveda de crucería del mismo gusto decadente de las construídas por Antonio Fernández. Tenía una reja de hierro repujado con los blasones de los Loaísas. Hoy sala capitular.

En el muro que da al medio día hay, borradas casi por completo por capas de cal sus bellas líneas y sus elegantes relieves, una lindísima portada del renacimiento, que fue la entrada de l.¡ sacristía vieja.

La escalera del Camarín de la Virgen, así como éste, tiene poco de particular, se construyó a finales del siglo XVII a expensas de don Felipe Muñoz, Contador de la Hacienda Real. En el libro que se conserva en el archivo parroquial de la Merced, con el núm. 546 y titulado: "Los esclavos de.la Madre de Dios del Prado de Ciudad Real" en el folio 47 da cuenta del siguiente suceso:

"En 5 de julio de 1698 años se empezó a construir la escalera del Camarín de la Virgen, Nuestra Señora del Prado. A las 4 de la tarde de este día, se levantó una tempestad de truenos y aire, y cayó una centella que dió en la aguja del chapitel de la torre del templo, y no hizo más daño que derribar la pizarra, y entró en la iglesia, que estaba con mucha gente, y no hizo agravio; feneció en la entrada de la torre. Fue tan grande el trueno que tembló todo el templo, cayendo al mismo tiempo muchos pedazos de enlucido de la iglesia. Dióse a Dios las gracias y _a su Santísima Madre".

En 1900 edificó a su costa una capilla el Canónigo Sr. Montes de Oca, y otra erigió a sus expensas también el Obispo Sr. Piñera en 1904. La primera se dedicó a Santo Tomás de Villanueva, Patrón de la Diócesis, y la segunda al Corazón de Jesús.

En resumen, nada notable ofrece la arquitectura de este templo, de forma gótica muy decadente, sino la amplitud y espaciosidad de su única nave, por muy pocas superada en sus dimensiones de altura, 24 metros; longitud, 53 y 18 de latitud. Esta suntuosa nave acusa variaciones en su construcción y cambios más o menos accidentales en el estilo, respondiendo a diversas etapas en la edificación total, siendo lo más deplorable las reformas, casi siempre desacertadas, que en ella se han ido introduciendo, a través del tiempo, hasta estropear el mérito que en un principio tuviese.

Texto con la narración de lo ocurrido en la ciudad durante el periodo de la dominación francesa y la protección de la celestial Patrona.- Primera colación de Ordenes Sagradas.- Consagración, por primera vez, de los Santos Oleos en el Santuario de la Virgen del Prado

En el citado y famoso manuscrito del archivo parroquia¡, señalado con el núm. 10 18, sigue narrando su autor, cómo, los vecinos de Ciudad Real, en la época de la dominación francesa, acudían siempre ante la Stma. Virgen del Prado, unas veces, cuando las noticias eran favorables, postrados a los pies de la noticias eran adversas, de la Madre amantísima, Soberana daban gracias y, cuando las acudían también a llorar ante el trono seguros del remedio.

A continuación transcribimos textualmente lo que se dice en el referido documento de los actos celebrados en la ciudad con motivo de la victoria del Ejército nacional en Bailén. Dice así:

"En esta ciudad que siempre ha confiado en la protección y patrocinio de María Stma. del Prado, su Patrona, a quien ha recurrido en todas sus tribulaciones, segura de hallar el remedio de su notoria piedad, clara y manifiesta para con todos sus hijos, especialmente los elegidos por la misma Señora, en el momento feliz de su milagroso aparecimiento en nuestro patrio suelo; hallándose su Ilustre Ayuntamiento con la noticia y preparativos de batalla por el enemigo francés en los campos de Bailén, en los que. se hallaban nuestros aguerridos y valientes provinciales, para que ésta se decidiese en favor de la nación y se consiguiese la victoria, dispuso bajar de su Sacro Camarín a María Sma., como Patrona de dicho Regimiento Provincial y que se la hiciesen públicas rogativas, lo que tuvo efecto con notable concurrencia y unción del pueblo, autoridades y corporaciones que las asistieron y son de inmemorial costumbre, pero también lo tuvo la suplicada victoria, pues en el mismo novenario se recibió la plausible noticia de ella, cantándose en el momento el Te Deum en esta Iglesia, regando con lágrimas de amor y gozo su pavimento por todos los fieles en vista de tan claro prodigio, manifestado en el vencimiento y derrota del enemigo, cuyas tropas eran 1as más brillantes, instruidas y aguerridas de la armada pas eran las francesa, su número el de 18.000 infantes y 4.000 caballos, guarnecidas con el tren competente de artillería uno y otro capaz de terror y espanto; las mismas que vencieron y ganaron las decantadas batallas de Austerliz, Marengo y Jena, convirtiendo los campos en ríos de sangre y fuego, bajo el mando de su general en Jefe Dupont y su segundo Bedel, después de una sangrienta batalla dada en los días í 6, 18 y 19 de julio de 1808 obligando a este soberbio ejército, prisionero y vencido por la fuerza y bizarría de una tropa bisoña, poco aguerrida, bajo las sabias disposiciones de su General Jefe D. Francisco Javier Castaños, y del S. D. Teodoro Reding que lo era de la división en que se hallaban nuestros provinciales, bajo el mando de su coronel, D. Angel Pedrero, y del Mayor D. Miguel de Gerona, a unas vergonzosas capitulaciones, atendiendo a nuestras cortas fuerzas que llegaban a 12.000 hombres de todas armas, en cuya acción se distinguió dicho Provincial, indudablemente, porque batallaba bajo la tutela y protección de su Patrona, la misma que los dirigía para llenarlos de honor con la corona y palma de la victoria, y en reconocimiento, la hicieron una magnífica función, en acción de gracias, en esta su iglesia mayor, confesando en ella que el Dios de los ejércitos había decidido la batalla por los méritos de S. Sma. Madre y Patrona nuestra, cuyas glorias predicó el cura Vicario, D, Esteban Ramón Sánchez de León, de la parroquia de Santiago, a la que asistieron las autoridades, corporaciones y la mayor parte de la ciudad, en unión de estos victoriosos militares que con fuerza irresistible supieron humillar la arrogancia y soberbia de los contrarios a su Rey, Patria y Familias, llevando adelante el terror y el espanto que siempre, y en todo clima, ha causado el nombre español".

"Al día siguiente, -sigue diciendo el referido documento-, se celebró aniversario por los difuntos en esta acción, para cuyo acto se formó un espacioso túmulo que movía a devoción y ternura por su mucha elevación lúgubre, aparato y gran porción de velas y hachas que en él ardían, adornándole con trofeos militares coronas y palmas de laurel, formándose a su frente la competente guardia de los mismos vencedores que dirigían estos sufragios a sus difuntos hermanos de armas, la que unida con lo misterioso de la iglesia, imponía el mayor respeto y emoción en todos los fieles a la vista de la magestad, pompa y aparato con `que todo se celebra".

En este azaroso período de la historia de España no todo fueron alegrías en Ciudad Real. No tardaron los franceses en entrar en la capital de la Mancha y dejar en ella la guarnición que asegurase el gobierno del intruso José Bonaparte.

El 27 de marzo de 1809, sin oposición alguna, entró la avanzadilla francesa. Hacía unos días que, llenos de terror y pánico ante la proximidad de las fuerzas de Napoleón en esta ciudad, habían huido los vecinos a pueblos más seguros. Fue tan grande y general la dispersión y despoblación que las casas principales, los edificios públicos, el comercio y hasta las iglesias quedaron cerradas y calles enteras sin vecinos.

Los franceses se fortificaron en la Casa de Caridad (Hoy cuartel del Regimiento de Artillería), sin exigir más tributos que los ordinarios en un país conquistado. Respetaron los templos, y es más, ellos mismos encargaron funciones religiosas. El buen comportamiento de los invasores volvió la tranquilidad y, poco a poco, fueron regresando los fugitivos reintegrándose en sus cargos.

Se nombró una Junta Popular en la que figuraban don Alonso Pastor, los curas de las tres parroquias, el prior de Santo Domingo, los abogados, don Raimundo Quirós y don Antonio Buró. Fueron designados alguaciles mayores, don Ventura Carrión y don Angel Enriquez.

Duró poco tiempo esta tranquilidad. En 1810 ocurrió algo extraordinario, hecho que, para mayor fidelidad en su narración, a continuación transcribimos lo que textualmente se dice en los folios: 28, 29, 30 y 31 del referido documento. Dice así:

"Para que en posteridad y en toda época tengan los hijos de Ciudad Real la veneración y culto que es debido a su Sma. Patrona María del Prado Señora Nuestra, y no olviden el prodigio milagroso, claro y manifiesto que obró en favor de todos los moradores de este pueblo, sus casas y haciendas; sé relaciona como el día ?? de mayo de 1810, hallándose con guarnición francesa en fuente construido en la Real Casa de Caridad con toda solidez según. el arte de la guerra e invención del enemigo para custodia suya, inexpunable a no ser por un grueso ejército y cañones de batir según sus torreones, fosos, rastrillos de frisas, con estacadas, tribunas de observación, troneras y antepechos que en su grande extensión tenían, aún en lo interior de la casa principal y tahonas, corte en la calle de Toledo, plazuela de San Antón, calle de Pedrera, con inclusión de las huertas inmediatas y alguna casa de los vecinos que demolieron por su dominación; apareció la partida de guerrilleros (con el título de Brigans por el enemigo) al mando de Ventura Jiménez, un mísero arriero, sin sombra de milicia, hasta el número de 300 hombres de a caballo, estos dispersos y reunidos uno de cada pueblo, sin uniformidad en armas y vestido, hizo mansión en este pueblo y al segundo día pasa un parte al Comandante francés intimándole la rendición, quien lo desatendió con mofa y desprecio; repite otro que al no entregarse pasará a cuchillo toda la guarnición del que se ríe también teniendo a menos la contestación y al efecto no la dió, pero si se indignó contra el vecindario al verle mezclado con los individuos de partida, con armas en las manos, y aún insultándole con acciones indecentes que él mismo observaba desde sus viseras y fortaleza: ocurría también el que diariamente, había de dar esta noticia una o dos veces a la guarnición que había en Almagro, cuya comunicación se le intercetó tomando los caminos dichos partidarios los que también impidieron la entrada de sus diarias raciones, y noticias que en cada hora se le daba al citado Comandante. de lo ocurrido en el pueblo; todo lo cual encendió con mayor actividad el fuego y furor contra sus vecinos. El día segundo de estos altercados visto por Ventura el ningún afecto de sus parlamentos determina construir un parapeto de madera, y que dirigido este por el paisanaje, conducido con cuatro ruedas llegue hasta el foso de su fortaleza resuelto a demoler el primer parapeto de mampostería cuya empresa hubiera costado muchas vidas, y en efecto se hizo la maniobra de madera por dirección de uno de sus oficiales y para el intento se colocó en la plazuela de Don Diego Muñoz (hoy plaza de José Antonio), pero estando el director en ella observando la fortaleza para emprender la acción le dirige el centinela un tiro del que le quita la vida, quedando muerto en la esquina que llaman de Delgado (hoy calle de la Rosa), siendo esto como las cinco de la tarde, pero habiendo llegado a noticia del referido Ventura, viene a el pueblo como a las siete de la noche, que para mayor confusión era oscura y fría, hace llamar al pregonero y que a voz de este se publique un bando por toda la ciudad que en aquel momento se hubiesen de reunir todos sus vecinos sin distinción de personas en la plaza pública y campamento que tenía en la era del Cerrillo, llevando cada uno toda clase de armas, picos y azadones pues se iba a dar el asalto a la fortaleza y degollar la guarnición, y en efecto, se ejecuta el mando al son de caja y acompañamiento de partidarios y en su observancia da principio la reunión de todas gentes por lo terrible del pregón que amenazaba de muerte a el que no le obedeciese, siguiéndose a este primer movimiento, un general llanto en todas las familias y casas de la población, unas llorando a sus padres, otras a sus maridos, hijos y hermanos y todas lamentándose como quien mira próxima y cercana su muerte, corriendo en la mayor amargura a el templo de Santa María del Prado, en quien colocaban sus corazones seguro del consuelo y remedio en tan claro conflicto, y a la verdad esperaban, con justa razón en su Patrona la que viendo tantas lágrimas vertidas en su Santa casa movió el ánimo de las personas del primer orden para que hicieran ver a Ventura la sangre que iba a derramarse 'y sin ningún fruto atendiendo a la confusión 'de la noche, su oscuridad y a la ninguna dirección que podría darse a las gentes, por la algazara y bullicio con que se conducían que suspendiéndolo hasta el día siguiente podría conseguirse el intento con menor sacrificio cuyas razones tocáronle al corazón y así lo concedió".

"Amaneció el día tercero del cerco, que lo fue el mismo en que nuestra Santa Patrona quedó en este patrio suelo para ser la expiación de toda adversidad y cuanto la naturaleza se despierta a su aspecto humillante penetrando la prodigiosa fuerza de 'su fuego celestial, la densa oscuridad de las tinieblas, vivificando y reanimando millares de avecillas que se anidan entre las hojas de los bosques, que después se arrojan acá y allá con la gracia y la donaire propio suyo, que con canto alegre y sonoro saluda a: nuevo día, resuenan por las calles y plazas de esta ciudad las desordenadas voces de los partidarios convocando al pueblo para la reunión e intento proyectado, sin atender ni reflexionar la fiereza del enemigo y sus continuos artificios para apropiarse los bienes de la pobre viuda sin apoyo, del huérfano desamparado, como bestia feroz y carnicera en figura humana, y en efecto, este pueblo obediente cuan otro Isaac al sacrificio que se le preparaba, alármase, y se dirige a la era del Cerrillo, donde 'se hallaba la fuerza de la partida a la cual fue conducido el anciano respetuoso, el mancebo desenvuelto y poco tímido, el marido amante de su esposa y el obediente hijo de familia, todos a la fuerza y exalando suspiros con la pena de dejar dentro de la muralla los dignos objetos de sus atenciones expuestos a los insultos y desacatos del enemigo y así es que por dentro y fuera de la ciudad no se oía otra cosa que lamentos y exclamaciones dolorosas, semejantes a el que en sana salud ve próxima y cercana funesta desgracia, pero ¡oh, impoderablemente felices y dichosos los hijos de Ciudad Real aquellos para quienes jamás se ausentará el Divino Sol de María Santísima del Prado, su Patrona, y que pronto cesarán vuestras lágrimas y desaparecerán los temores! A la verdad así sucedió".

"Viendo, pues, el Capitán General francés establecido en Almagro el retraso de sus diarios partes y sumo silencio que se observaba sobre el estado de guarnición que puesta tenía en esta ciudad: comanda una gruesa partida de caballería e infantería con dos cañones volantes y un obús y orden expresa de incendiar el pueblo y pasar a cuchillo sus habitantes, cuyo mandato cruel e inhumano sabido por don Antonio Porras, abogado de los Reales Consejos, natural y vecino de esta ciudad, pasado al enemigo, por indiscreciones de partidarios con quienes tenía expuesta continuamente su vida, y ¡presentado al Capitán General le dice: Señor, esa ciudad contra quien se impone tan sanguinario mandato es mi patria y a la que debo el ser con mi descendencia. y no puedo menos de clamar por su favor, y si merece el castigo del degüello, aquí estoy postrado para recibirlo, y no me separaré hasta alargar mi cuello al sable o conseguir el perdón, tanto de mis (parientes como de todos mis convecinos, y en efecto, así se lo concedió, cuya gracia comunica al momento al comandante de la partida, y a seguida vuelve a instar ante dicho Sr. Capitán General omitiese el incendio y saqueo, siendo tan enérgicas sus expresiones que, de un lobo feroz supo transformarle en manso cordero, contentándose solo con imponer a la Ciudad cierta suma de maravedises; y siguiendo la partida francesa su dirección encuentra con la avanzada de partidarios a quienes avanzan con un continuado fuego de sus armas y cañones: llegan a las murallas de la ciudad los unos en precipitada fuga y los otros en su seguimiento lo que observado por el vecindario permanente en la era del Cerrillo desaparece y lo mismo la citada partida, y al funesto estruendo del cañón sale de la fortaleza la guarnición enemiga, a quien se había insultado por espacio de tres días, cuyo Comandante (cual mastín irritado y rabioso a quien un veneno roedor y mortal le despedaza el corazón cada vez que respira, que corriendo sin tino a una y otra parte todo lo embiste y derriba, todo lo muerde y despedaza, que con la boca abierta, los dientes agudos y la lengua colgando y palpitante ya se precipita en los valles, ya aparece en los cerros, ya atraviesa los montes, siendo al mismo tiempo el terror de las ovejas que antes guardaba y de los lobos sus enemigos, que no conoce pastor, mayoral ni zagal, y que exhala,y esparce por todas partes el mismo contagio que le devora) manda hacer fuego a todos sus soldados formándose con él de sus auxiliares un vivo infierno por dentro y fuera de la ciudad, cuyos vecinos corren como fuera de si y en la mayor amargura a el templo de Santa María del Prado, recordándola envueltos de lágrimas que en aquel día había quedado milagrosamente por su amparo y Patrona, y así que todos confiaban en sus piadosas entrañas; otros más tímidos se ocultaban sobre las bóvedas y bajo los altares, esperando la victoria cual otros betulianos de su valerosa Judit ocurriendo en esta recopilación de amargura la casualidad (a nuestro entender) de haber dado a luz Josefa de Vera una hermosa niña junto a la pila bautismal donde se hallaba refugiada, a la que para memoria se bautizó sin salir de la iglesia, poniéndola el nombre de María del Prado Urbana, como consta en su partida al folio 29 vuelto 2.° del libro empezado en año 1809, en cuyo parto no tuvo la menor novedad esta interesada niña. Los sacerdotes seculares y regulares se prestaban la absolución los unos a los otros, tanto en sus casas como en la calle y plazas, como preparándose a el último fin, y lo mismo los demás vecinos que tenían sensualidad y preveían los desastres de la guerra y sus terribles leyes. Por último sale el Gobierno al frente de ambas partidas francesas acompañado de las personas más condecoradas de la ciudad y que en aquella amarga tribulación pudieron reunirse y con sus exclamaciones sabias templan la furia de los dos Comandantes y quedan satisfechos con la suma de maravedises prometida, en cuyo intermedio los vecinos refugiados en este ternplo dirigían sus corazones, sus lágrimas y peticiones al trono de misericordia por las manos de su Santísima Patrona, y en efecto, clamando a María Santísima llama aceleradamente a las puertas uno de sus buenos vecinos diciendo ¡Paz! ¡Paz! ¡Paz!, sirviendo este anuncio de mayor aumento de lágrimas de todos, pero derramadas ya de gozo afectuoso a su Virgen del Prado, porque tan claramente los libraba de la furia de sus enemigos, en gratitud de lo cual publicara Ciudad Real hasta la posterioridad ser el día grande, magnífico y de su eterna memoria en el Señor San Urbano de 1810, especialmente los que con su corazón puro conserven una sólida devoción a su amante Patrona, la más digna del verdadero amor".

En el libro de bautismo, número 28, folio 187 y siguiente, encontramos algo interesante: el detalle de la primera colación de Ordenes Sagradas y la Consagración de los Santos Oleos, celebradas por el Obispo de Caristo, Auxiliar de Madrid, ante el trono de Nuestra Celestial Patrona.

Importante acontecimiento que transcribimos íntegro del referido documento y que dice así:

"Hallándose la mayor parte de España poseída por los enemigos franceses, sus fortalezas tomadas, nuestros católicos reyes desposeídos de sus tronos, y llevados a la Francia por la astucia y maldad de Napoleón, con todas las personas reales, afligiendo a los españoles con los desastres de una injusta guerra por espacio de seis años, coronando a la fuerza a su hermano José, obligando a esta Nación lo aclamasen su rey, lo que se hizo con demostraciones puramente exteriores y haciendo disimular con crecidas guarniciones de sus pérfidos soldados, acantonados en los pueblos y ciudades (como se verificó en esta desde el 27 de marzo del 1809 en que el ejército enemigo penetró en el puente de Nolaya, después de sufrir un vivo fuego de artillería el día 26, Domingo de Ramos este año, en el que manifestó el paisanaje el amor a la Patria y su Rey por el crecido número que se congregó alarmado con la tropa y en su entrada se siguió una casi dispersión de sus vecinos abandonando sus casas e intereses, juntamente con los sacerdotes y religiosas de sus conventos quedando la ciudad en una extrema amargura y soledad, con sus iglesias y templos cerrados, en lo que recibían mayor desconsuelo careciendo de los Divinos Oficios en toda la Semana Santa, hasta que regresado a esta ciudad e iglesia su Cura Párroco con uno de sus beneficiados, don Juan de Mata Gómez, llevados del amor a sus feligreses, de su ardiente celo, e intrepidez por la Ley Santa de Dios, dió principio a la celebración cantando la Salve, en el Sábado Santo, a María Santísima nuestra Patrona, a cuyo repique de campanas se congregaron en su templo llorosos vecinos de tan aflijida ciudad, con el pálido semblante manifestaban la tristeza de su corazón, al mismo tiempo que rebosaban su gozo, y ya temían al verse postrados delante de su favorecedora y compasiva Madre, el efecto y verdadero amor que los nobles españoles tenían y conservaban a su llorado prisionero, Rey Fernando VII. En esta época tan lamentable y digna de eterna memoria: Estando la ciudad de Toledo y corte de Madrid por estos inhumanos ejecutores de la maldad, y viéndose emigrado, fugitivo y ausente de su centro el M. Iltmo. Sr. Don Atanasio Puyal, Obispo de Caristo, Auxiliar de Madrid, Gobernador del Arzobispo, por Excmo. Cardenal de Scala. Don Luis de Borbón, Arzobispo de Toledo, emigrado en la ciudad de Cádiz, única fortaleza que con la isla de León,' Cartagena y Alicante, fue libre de la tiranía de tan dilatado ejército que pasaba de 500.000 soldados de todas armas, regresó a esta muy noble y leal ciudad de Ciudad Real la tarde del 3 de abril de 1813 y celebró las Ordenes menores y mayores en esta iglesia parroquial de N. Sra. Santa María del Prado la Mayor, habiéndose recibido a S. 1. con repique de campanas, saliendo formado todo el clero a la puerta de la iglesia con sobrepelliz, capa, cruz procesional de color blanco, llevando el hisopo el Sr. D. Pedro Sánchez del Pulgar, como teniente beneficiando más antiguo, el que dió a S. I. quien bendijo al clero y pueblo numeroso que se hallaba congregado; después pasó a las gradas del altar mayor donde hizo oración secreta a S, M, sobre una almohada de damasco puesta a este fin y concluída pasó a las menores Ordenes sentado (en el mismo sitio) en una silla de brazos asistiendo los señores Don Luis Valverde y Saravia para la obtención del báculo y para la de la mitra, Don Juan de Mata Gómez, ambos de sobrepelliz, y tenientes beneficiados de la misma, y concluídas que fueron se despidió a S. I. en la misma forma que se recibió. Las Ordenes Mayores fueron celebradas en la mañana del día 4 a las que asistieron los señores que quedan relacionados; y a su final hicieron los que la recibieron procesión por fuera de la iglesia llevando la cruz y ciriales, saliendo por la puerta de la umbría y entrando por la del Sol, no llevando capa en ella; y para que todo conste lo signo y firmo yo José Antequera, juntamente con el Sr. Cura como notario propio y ordinario de diligencias del Tribunal eclesiástico de esta ciudad y su partido, en ella a 4 de abril de 1813. Es testimonio de verdad. Un signo notarial. Dr. Alonso López Noajas (rubricado) José Antequera (rubricado) ".

Y sigue el citado manuscrito:

"En la muy noble y leal ciudad de Ciudad Real en 15 días del mes de abril de 1813. Por las mismas circunstancias que quedan relacionadas en la anterior noticia, dicho señor llustrísimo siguiendo los pasos que en toda época han dado nuestros antepesados de celebrar y hacer en esta iglesia parroquial de Ntra. Sra. Santa María del Prado la Mayor todas las funciones de preferencia, desde que se verificó la fundación de esta ciudad por el milagroso aparecimiento de María Santísima, como bien claramente se evidencia por la memoria que de unos a otros ha ido descendiendo hasta nuestros días, y de los muchos testimonios que lo publican conservados en las Casas Consistoriales y archivo de su iglesia y sobre abundantemente pone a nuestra vista los reales estandartes, pendientes en las bóvedas de su magnifico y suntuoso templo, de los Reyes coronados en las Españas verificó en ella la consagración de los Santos Oleos conforme lo ha de costumbre en la Santa Iglesia Catedral de Toledo, para cuyo fin se dispuso una espaciosa mesa junto a las gradas del Altar Mayor con cinco varas de longitud y dos de latitud cubierta de blanco adornada en la forma más agradable que presentaba una greca de galón morado y hojas de laurel, sobre la cual se pusieron cuatro floreros de mano en esta forma: en medio de ellos un crucifijo de plata con seis candeleros y velas encendidas, y las celebró S. Ilustrísima de Pontifical, asistiéndole como Maestro de Pontifical con capa blanca el Sr. D. José Ortega y Ganedo, Vicario Visitador Juez Eclesiástico Ordinario de esta Ciudad y su partido, con dalmáticas el Sr. Cura propio do dicha parroquia y el Dr. Bartolomé Martín de la de San Pedro; de Ministros del Altar. también con dalmáticas Don Esteban Ramón Sánchez de León, Cura Vicario de la de Santiago, y Don Pedro Sánchez del Pulgar, Teniente beneficiado de esta Santa María, asistentes de báculo, Don Serafín Pinto, cura propio de Ballesteros y para la mitra, Don Juan de Mata Gómez, también teniente beneficiado de esta iglesia, sirviendo de Maestro de ceremonia el de la Santa iglesia de Toledo, vistiéndose de presbíteros los señores don Lorenzo Almansa, teniente de cura, Don José Sabariegos, Don Jacinto Cruz, Don Antonio Alarcón, Don Antonio Molina, Don Benito Salcedo, capellanes de dicha parroquia, con don Francisco Mohino, teniente beneficiado, don Antonio León, Don Juan Palacios, Don Ramón Valverde, Don Manuel Rivas y Don Antonio Sendarrubias, los tres beneficiados de- la de San Pedro y los dos capellanes de la de Santiago, y de diáconos, Don Dionisio Ruiz del Valle, Don Juan Toral, Don Santos Encina, Don José Toral, Don Francisco Cárdenas, Don José Carrillo y Don Manuel Calderón de la Barca, capellanes asistentes del coro de la parroquia citada de Santa María del Prado, siendo los vestidos de subdiáconos Don José Cortés, Don José Orosco, Don Francisco Delgado, Don Antonio Acevedo, Don Pedro Moján, Don José Morales y Don José María Ormaza, asistentes al mismo coro y los anteriores a San Pedro y Santiago para todos los cuales se colocaron en las dos bandas de la mesa veintiséis sitiales de demascos, dejando lugar suficiente para el servicio de ella, y en su cabecera, mirando al Altar Mayor un reclinatorio para S. Ilustrísima, este de tisú y junto de él la silla de brazos con almohadón a los pies, sobre la cual pendía de la bóveda un dosel bordado de todos los metales: y a sus lados otras cinco sillas, también de brazos, éstas para los ministros del Pontifical y Altar; quedando otro dispuesto en la sacristía con frontal blanco, en' el que se colocaron las crismeras o ampollas hasta tanto que la sacaban en procesión formadas con ellas y los subdiáconos hasta la mesa de la consagración en la iglesia, a las que asistía la cruz procesional con acólitos, y concluída la ceremonia de la consagración se despedía a S. llustrísima como ya queda expresado; quien igualmente tuvo a bien de asistir a las tinieblas de Semana Santa, para cuyo fin se colocó la silla con el almohadón y reclinatorio con dos palmatorias en 61 en la mediación del coro, teniendo a los señores asistentes a la derecha e izquierda como asiento de preferencia, debiéndose advertir que las ampollas de la consagración fueron sacadas de Toledo cuando esta ciudad se hallaba con guarnición francesa, todo lo cual se estampó para que conste signado y firmado por mi, José Antequera, con el Sr. Cura como notario propio y ordinario de diligencia del Tribunal eclesiástico de esta ciudad y su partido en ella a 16 de abril de 1813. En testimonio de verdad; hay un sello notarial. Dr. Alonso López Noajas (rubricado) José Antequera (rubricado").

En el año 1931 al ganar democráticamente la república muchas iglesias fueron saqueadas y quemadas, no se salvó Ciudad Real de estos hechos y en Noviembre de 1936 ya en plena Guerra Civil, cuentan los que lo vieron:

Tiraron a la Virgen del Prado al suelo y quedó enganchada en los candeleros, que volvieron a empujarla y calló al suelo desecha en pedazos, menos el Niño que quedó intacto, indignados lo destrozaron y quemaron todos los restos en el garaje de Solís.

Durante la guerra la Catedral fue usada como garaje y también como albergue de tropas republicanas. Ciudad Real no tuvo nueva imagen hasta el primer día de Junio de 1940, tallada por el escultor catalán Vicente Navarro y policromada por Carlos Vázquez Ubeda, pero en 1949 la carcoma empezó a invadir la imagen por lo que hasta el 5 de Abril de año 1950 no se realizó la nueva talla por los escultores valencianos José María Rausell Montañana y Francisco Lloréns Ferrer, que es la que actualmente veneramos.

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