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El Cerro de La Encantada se presenta como una pieza
clave para el conocimiento de la Protohistoria, no solo
de la Región Manchega, en la que se encuentra enclavado,
sino de toda la Península Ibérica, ya que aunque
solamente ha sido excavada una parte del mismo, sin
embargo ha proporcionado una valiosa información en lo
que al Bronce Medio o Pleno se refiere.
Las campañas de excavacion realizadas
hasta el momento, entre 1977 y 1991, permitieron sacar a
la luz una serie de restos, urbanísticos, funerarios,
arquitectónicos y un conjunto de materiales
arqueológicos que ponen de manifiesto dos aspectos de la
Edad del Bronce peninsulares: por una parte la
existencia en la región manchega de una fase cultural
con nombre propio: el Bronce de La Mancha y, por otra,
que los restos de La Encantada no encajan para nada ni
en la “prolongación de lo argárico” ni en el esquema que
caracteriza a la que hasta hace unos años (e incluso
todavía hoy) algunos investigadores denominan con
empecinada tozudez “Cultura de las Motillas” (una
“forma” o “facies” más de ese Bronce de La Mancha, como
lo puedan ser las “Morras”) y en la que siguen
incluyendo los testimonios materiales de este
Yacimiento.
La Encantada corresponde a un asentamiento en cerro y,
por lo tanto, situado en altura sobre el valle o
entorno, con un amplio control visual del mismo y de las
vias pecuarias (que está probado utilizaron para la
trashumancia de sus ganados); con fuertes sistemas de
fortificación allí donde la naturaleza no le defiende de
forma natural; con restos de edificios rituales de
carácter funerario, además de los destinados a vivienda;
sepulturas de variada morfología: en fosa con
revestimiento de lajas o de mamposteria, sepulturas en
pithoi, etc.
Por otra parte, el Cerro de la Encantada, hoy por hoy el
único en curso de excavación, aunque no es el único
yacimiento con estas características existente en la
provincia de Ciudad Real, representa, con una fuerte
personalidad propia, un claro exponente de la
importancia que tuvo la Submeseta Sur, y más
concretamente la region manchega, durante el Bronce
Medio.
Los restos arquitectonicos localizados hasta el momento
en el yacimiento corresponden, en lineas generales, a
tres grandes grupos de construcciones: potentes
edificaciones de carácter defensivo (murallas y
“jorfes”, torreones y estructuras de almacén o "silos")
presentes tanto en el denominado sector A como en el B;
los edificios rituales antes mencionados, asociados a
sepulturas, y, por último restos de viviendas: simples
cabañas apoyadas en la roca o casas con zócalos de
mampostería y alzado de tapial apoyadas sobre
aterrazamientos entre los paramentos de las murallas.
En lo que a los materiales arqueologicos se refiere, la
cerámica es el más abundante, predominando la lisa,
aunque está también presente, aunque muy escasa, la
decorada con incisiones e impresiones; entre esos vasos
cerámicos hay un claro predominio de los cuencos, pithoi,
ollas y vasos de perfil en "S", 5 seguidos de los vasos
carenados y los de paredes verticales, todos ellos en
diferentes tamaños, y estando tambien presentes las
copas.
Junto a la cerámica han aparecido tambiér diferentes
clases de útiles, tanto de cerámica (“vasos coladores”,
pesas de telar o “tronzadoras”), como de piedra (hachas
pulimentadas, machacadores, molederas, dientes de hoz),
de hueso (punzones, espátulas) y de cobre o bronce
(punzones, leznas, escoplos); son relativamente
frecuentes los objetos de adorno (colgantes de concha y
pizarra, cuentas de collar de piedra y hueso, botones de
hueso y marfil con perforación en V), entre los que cabe
destacar la presencia de brazaletes de plata y piezas de
marfil, y también las armas, representadas por cuchillos
o puñales de remaches y puntas de flecha lanceoladas y
de pedúnculo y aletas, todo ello en cobre o bronce.
Todo hace pensar que se trata de un exponente del
asentamiento en la Meseta Sur de grupos humanos que
mantuvieron fuertes contactos con gentes procedentes del
Mediterráneo Oriental, gentes, cuya presencia a este
lado del Mediterráneo y en el centro de la Península,
puede explicarse por el atractivo que debió suponer para
ellos tanto las posibilidades agrícolas y ganaderas de
la región, como la riqueza en minerales de cobre y plata
de la cara. norte de Sierra Morena. En este sentido, el
Cerro de La Encantada, donde el metal es abundante en
las sepulturas, y la industria de transformación está
representada por moldes de fundición y machacadores de
mineral, podría interpretarse como un centro de
fabricación y posiblemente de distribución del mineral
extraído en las sierras próximas sin olvidar las del
entorno del valle de la Alcudia.
Los contactos existentes entre La Encantada y otros
complejos culturales contemporáneos son evidentes,
además de importantes, no sólo por los paralelos
morfológicos de sus materiales con otros existentes en
otras áreas peninsulares, sino tambien por la presencia
de importaciones necesariamente extrapeninsulares, como
por ejemplo el marfil.
Del Cerro de La Encantada existe una abundante
bibliografia que exponencia la importancia del
Yacimiento en la Protohistoria española y lo convierte
en clarísimo lugar de encuentro y visita para todos los
que se interesan en el plano científico no solamente por
el mundo cultural de la Edad del Bronce, sino que
también por los consumidores del “turismo cultural” como
expresión directa de la adquisición del ocio, de la
creación de nuevas formas de riqueza en el marco del
desarrollo endógeno y de la creación de nuevas formas
laborales y profesionales vinculadas a ofrecer lo que la
sociedad actual demanda: una mayor identificación con su
Patrimonio Histórico y una mayor diversificación de
nuestra oferta turística, como ya se ha apuntado en otro
lugar de la presentación y justificación de este
Proyecto.. |