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Es un punto de referencia en la cultura íbera, por la
monumentalidad de sus sistemas defensivos, la excelente
conservación de sus restos y por ser una de las pocas
ciudades ibéricas conservadas en su integridad dentro
del panorama peninsular.
La excavación del yacimiento arqueológico del Cerro de
las Cabezas, ha puesto al descubierto una pequeña parte
de la ciudad ibérica que esconde.
Las Campañas sistemáticas que la Junta de Comunidades de
Castilla la Mancha está llevando a cabo en colaboración
con el Ayto de Valdepeñas, desde años atrás, van
poniendo al descubierto parte de las áreas urbanas y
defensivas de la ciudad, mostrándonos su urbanización,
almacenes, áreas domésticas, santuarios, torreones y
murallas.
En los primeros niveles propiamente ibéricos, se muestra
la existencia de un protourbanismo, con las primeras
calles, construcción del sistema defensivo y uso de
muros medianeros para el levantamiento de las casas.
El yacimiento cuenta con una murallas de cajas,
ciclópeas, con casamatas, de paramentos múltiples,
bastiones circulares, rectangulares, torres circulares,
puertas carreteras, poternas, sistemas de drenaje, que
se irán desarrollando a los largo de los siglos IV-III
a, C.
Durante el Siglo V y sobre todo en el IV a. C. el
urbanismo de la Ciudad se estructura en torno a ejes
principales y secundarios, dando lugar a una ordenación
urbana en torno a grandes núcleos de casas que forman
manzanas y barrios singulares, estructuradas en torno a
terrazas que van salvando la fuerte pendiente del cerro.
Ya en el interior de las viviendas se observa una
variedad de pavimentos desde los realizados con grandes
lanchas de pizarras, calizas o cuarcitas, a los más
sencillos de arcillas y cenizas apisonadas. Las casas se
levantan con muros de mampostería, adobes y cubiertas
con vigas que sostienen la techumbre formada por
material orgánico y barro o placas de pizarras.
Durante el siglo V y sobre todo en el IV a. C. el
urbanismo del poblado se estructura en torno a ejes
principales y secundarios, dando lugar a una ordenación
urbana en torno a grandes núcleos de casas que forman
manzanas y barrios singulares.
Ya en el interior de las viviendas se observa una
variedad de pavimentos desde los realizados con grandes
lanchas de pizarras, calizas o cuarcitas, a los más
sencillos y rudimentarios de arcillas y cenizas
apisonadas.
Será a fines del siglo III, cuando la ciudad es
abandonada, no volviéndose a ocupar en fechas
posteriores, hasta época medieval, momento en el que se
localizan esporádicas ocupaciones de las áreas
superiores del Cerro. Esta casi nula reocupación
facilita el estudio y excavación del poblado primitivo.
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