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Ciudad Real es la ciudad que da nombre a la provincia,
faro y centro geográfico de sus 20.000 kilómetros. Con 58.175 habitantes (enero de 1990), nació por voluntad del rey Alfonso X el Sabio en 1255, bautizando con el nombre de Villa Real a una aldea conocida como Pozuelo Seco de Don
Gil, una vez que desistió de repoblar Alarcos: «e prové de facerlo por todas las guisas e non
pude... ca era el logar muy doliente...» «Por ende tove por bien que oviesse hy
una grand villa e bona... que fuese cabesga de toda aquella tierra, e mandela
poblaren aquel lugar que dizien el Pozuelo de Don Gil e púsele nombre Real.»
De esta manera reza la Carta Puebla que se conserva en el Archivo Municipal. En
1420 fue cuando obtendría el rango de ciudad de la mano de Juan II. Más de 100
torres tuvo, amén de seis torreones y dos portillos. Hoy apenas quedan algunas
piedras del Alcázar Real, aunque conserva otros monumentos. Doce años después de
su función era sancionado en Calatrava la Vieja el primer convenio entre la
villa y la poderosa Orden de Calatrava, poderío que la Corona pretendía
contrarrestar precisamente con la fundación de Villa Real.
Ciudad Real alcanza su mayor esplendor durante el siglo XVI con las industrias
del paño y los curtidos de piel. Pero también era bastante apreciado su vino:
«Pero, dígame señor, por el siglo de lo que más quiere: ¿este vino es de Ciudad
Real?» (Sancho Panza, II, 13 del Quijote).
En Ciudad Real se produjo la muerte, en 1275, del primogénito de Alfonso X el
Sabio, don Fernando de la Cerda, casado con doña Blanca, hija de San Luis, rey
de Francia. Con aquella muerte, bien podemos decir hoy que cambió el rumbo de
España. Aquí crearon los Reyes Católicos en 1494 la Real Chancillería,
posteriormente trasladada a Granada, y aquí tuvo su sede la Santa Hermandad, tan
temida -como sabemos- por Sancho Panza.
En Ciudad Real nació en 1451 Hernán Pérez del Pulgar el de las Hazañas,
aguerrido soldado que luchara junto a los Reyes Católicos en Granada, y autor de
una notable crónica de la época. Hablan de esas Hazañas la batalla del castillo
del Salar, la de la Venta del Gato, la batalla de Bentomiz, el cerco de
Salobreña, la hazaña del Ave María, o el desafío en el Alcaná, por citar sólo
algunos.
Por bula del Papa Pío IX en 1875 se creaba el obispado priorato de las Ordenes
Militares de Calatrava, Montesa, Alcántara y Santiago, distinción que hoy sigue
ocupando el titular de la diócesis, monseñor Torija de la Fuente. Está claro que
la expulsión de los judíos en el siglo xv y la incorporación de los territorios
de las Ordenes Militares a la Corona produjeron la decadencia de sus villas y el
auge de las villas reales. Ciudad Real fue la capital en 1691 de la provincia de
La Mancha, que englobaba a 22 provincias de Castilla, pero sería en 1833, con la
división de la Península en 49 provincias, cuando Ciudad Real quedó
definitivamente constituida en la capital de provincia tal y como la conocemos
en su estado actual.
Entre los monumentos existentes en la ciudad, destacaremos la Basílica Catedral,
la iglesia de San Pedro y Santiago, la casa natal de Hernán Pérez del Pulgar, el
palacio de la Diputación Provincial y el santuario de Nuestra Señora de Alarcos
(a ocho kilómetros de la capital, y en cuyas proximidades tuvo lugar la batalla
de Alarcos el 18 de julio de 1195). Y, desde luego, la Puerta de Toledo, la
única que permanece en pie de aquellas antiguas murallas, construida en 1328 en
estilo gótico-mudéjar.
La Catedral de Santa María la Mayor se comenzó a construir en 1531, dedicada a
Nuestra Señora del Prado. Consta de una única nave con proporciones
considerables, y está dotada de tres puertas románico-góticas, y un magnífico
retablo de corte renacentista (lo mismo que la arquitectura exterior), obra de
Giraldo de Merlo.
La iglesia de
Santiago es la más antigua de la ciudad, habiéndose construido entre los siglos
XIII y XIV. Cuenta con un importante artesonado mudéjar del siglo XIV, y
recientemente se han descubierto unos interesantes frescos. La de San Pedro es
monumento nacional y se trata de una iglesia gótica de gran belleza y
singularidad construida entre los siglos XIV y xv. Es notable la capilla de los
Coca, y la reja isabelina de la capilla dé Jesús Nazareno.
La casa natal de Hernán Pérez del Pulgar el de las Hazañas, que clavó el cartel
del Ave María en la puerta de la aljama granadina, se encuentra juntó a la
Catedral y cuenta con una elegante portada que hace honor al blasón de su
linaje: «El Pulgar, quebrar y no dobla.» En la actualidad ha sido reconstruido
todo el caserón mediante la creación de una Escuela-Taller, y se ha instalado el
Museo del pintor Villaseñor.
El palacio de la Diputación, de inspiración neoclásica, fue construido en el
último tercio del siglo pasado, y alberga en su interior una importante
colección de obras de pintores manchegos, tales como Alfredo Palmero, Carlos
Vázquez, Angel Andrade, Gregorio Prieto, Lizcano, Iniesta y un magnífico mural
de López Villaseñor que preside el salón de sesiones. Magníficos bustos en
bronce de personajes cervantinos.
Por último, la ciudad cuenta con diversas casas blasonadas, monumentos a Don
Quijote, Cervantes y Alfonso X el Sabio, el Museo Provincial, con
importantísimas piezas de pintura, escultura y arqueología, el Museo Elisa
Cendreros de historia local, y la Casa de Cultura, obra del arquitecto Miguel
Fisac. Recientemente se ha inaugurado el Museo Diocesano, que muestra valiosas
piezas del arte religioso.
Ciudad Real, cuya arquitectura y urbanismo tal vez hayan estado faltos de una
cuidadosa planificación (como ejemplo podemos hablar del edificio del
Ayuntamiento, obra del arquitecto Higueras, sujeto como toda la Plaza Mayor a
fuerte polémica por su singular estilo), vive momentos de enorme crecimiento y
desarrollo. La construcción de grandes centros comerciales y de polígonos
industriales, juntamente con la mejora de carreteras e incidencia del Tren de
Alta Velocidad (AVE) que la unirá con Madrid en una hora, es de esperar que
incremente el número de habitantes y saque a la comarca del ostracismo secular
que padece.
Abandonamos la ciudad -sede episcopal, de la Audiencia Provincial y del
Rectorado de la Universidad de Castilla-La Mancha-, en medio de un paisaje casi
absolutamente llano, sólo interrumpido por dos pequeñas elevaciones: la del
cerro de Alarcos, donde tiene lugar la romería del mismo nombre, y la del Parque
Forestal La Atalaya, pequeño pulmón vegetal de Ciudad Real.
LA
EDAD MEDIA
Como hemos podido comprobar, hay un tiempo antiguo, un alborear histórico en el
que el territorio manchego aportó episodios y valores propios a la crónica
general de la Península Ibérica, sobre todo en lo que se refiere a la época
oretana. La Edad Media, sin embargo, comenzó de manera gris y confusa. Durante
el período visigodo, La Mancha apenas si tuvo protagonismo, posiblemente
eclipsada por el gran esplendor toledano.
No sucederá lo mismo tan pronto como dé comienzo la Reconquista, incluso antes
si tenemos en cuenta las rivalidades existentes entre los reinos de Córdoba y
Toledo, para los que las tierras de la que ahora es provincia de Ciudad Real
tenían un considerable valor estratégico. De ahí, sin duda, la construcción del
castillo de Calatrava la Vieja, Alarcos y Salvatierra.
La batalla de Alarcos (1195) constituye uno de los episodios más tristes y
desafortunados de todo el siglo XII, una época en la que coincidió el poderío
musulmán con la escasa coherencia de los reinos cristianos. En el enfrentamiento
de Alarcos se dio un gigantesco paso atrás en la obra reconquistadora,
perdiéndose numerosos territorios que ya parecían consolidados para la causa de
la unión peninsular. Sobre todo porque una posterior guerra entre españoles hizo
que los almohades, en su avance hacia el Norte, se apoderasen de Uclés, Madrid y
Guadalajara, amenazando muy seriamente, además, las poblaciones de Toledo y
Cuenca. Los reyes de León y Navarra, aprovechándose del crítico estado anímico
de Alfonso VIII tras el desastre de Alarcos, atacaron al monarca castellano,
perdiendo todos en tan necia operación.
El historiador Vicente Silió (1892-1972) narra el suceso de Alarcos de este
modo: «En 1194, el rey Alfonso VIII cometió la imprudencia de retar a Yasub
enviándole un mensaje en tono altanero, por el cual le retaba a que mandase sus
tropas a batirse en España o le facilitase navíos para que los cristianos
pudiesen embarcar y derrotarle en África. Hacía treinta y un años que Yasub
gobernaba el imperio almohade. Contestó al de Castilla con unas breves líneas al
dorso de su mensaje: "Estas son las palabras que ha pronunciado Alá, el
Todopoderoso: Me lanzaré sobre ellos, les convertiré en polvo sirviéndome de
ejércitos que no han visto nunca y de cuya fuerza no podrán librarse". Leyó a
sus tribus el desafío de Alfonso y escuchó en respuesta un gran clamorío,
exigiendo venganza. Con un poderoso ejército salió Yasub para Algeciras. Alfonso
solicitó que entraran en campaña los reyes de León, Navarra y Portugal. Debió
sorprenderle que éstos así se lo prometieran, pero no que faltasen a la palabra
empeñada y le dejasen solo en tan gravísimo trance, que tampoco movilizó a
Alfonso II de Aragón.»
El encuentro en Alarcos -inmediaciones de lo que hoy es Ciudad Real- entre los
ejércitos cristiano y almohade debió de ser cruento y desproporcionado. Vicente
Silió escribe que «las tropas de Yasub eran tan superiores como para inducir al
monarca cristiano a rehusar la pelea». Pero se hallaba Alfonso VIII en la
plenitud de su vida, con el vigor de sus cuarenta años y no pensó en ningún
instante retroceder ante el enemigo. Prefería morir antes que contemplar la gran
catrástrofe que se avecinaba. Y a fe que si no hubiese sido por la intervención
de algunos nobles que, muy en contra de su voluntad, le sacaron del campo de
batalla, hubiera sucumbido.
A partir de este triste episodio, La Mancha ciudarrealeña quedó en poder de los
mahometanos, los cuales se enseñorearon de pueblos y castillos, hasta que
pasadas un par de décadas las cosas comiencen a cambiar y se vislumbren las
alboradas de las Navas de Tolosa.
Como queda dicho, la derrota de Alarcos supuso la pérdida de todo el territorio
calatravo, que fue ocupado por los almohades y quienes con ellos colaboraron.
Ello produjo en la Orden de Calatrava momentos de desconcierto y recapitulación.
Pero a los tres años de aquella gran derrota se inició una recuperación que
comenzó con la organización de una expedición que se adueñó de Salvatierra,
desde donde se hostigó con éxito a los musulmanes durante trece años, hasta que
se vieron obligados a capitular un año antes de la batalla de las Navas.
LA
FUNDACIÓN DE CIUDAD REAL
Como es sabido, a la muerte de Fernando III el Santo, rey de Castilla y León, le
sucede su hijo Alfonso, a quien las crónicas llamarán luego el Sabio, tanto por
el impulso que dio a las ciencias y a las letras durante el tiempo que reinó,
como por su propia cultura. Públicos y notorios son los muchos problemas con los
que este monarca se encontró al comienzo de su reinado, los cuales le retuvieron
en Sevilla hasta finales de 1253. Se sabe que uno de esos problemas -y no el
menor- era el referente a las Ordenes Militares de Santiago, San Juan y
Calatrava.
Sobre todo con el maestre de Calatrava, cuyos dominios eran tan enormes que,
como señala el estudioso manchego José Sánchez Lillo, no se podía viajar desde
Toledo a Córdoba por «los caminos más transitables sin que forzosamente se
hiciera posada en territorios de estas poderosas instituciones y muy
especialmente en los de la Orden de Calatrava: Alfonso X el Sabio conocía la
realidad e importancia de ello; y era lógico que sintiese esa cuestión, aunque
no lo diga».
Hacia 1254, todavía incipiente su reinado, Alfonso X ha logrado salir de Sevilla
para tomar contacto con la realidad de los pueblos y gentes de su reino. Toledo
es uno de los puntos hacia donde primero se dirige. Toledo era la ciudad de los
encuentros de las tres culturas, en la que el propio monarca había nacido en
1221, y en donde tanto protegerá la Escuela de Traductores. ¿Fue a lo largo de
este viaje de Sevilla a Toledo cuando decidió fundar una villa lo
suficientemente fuerte en La Mancha como para contrarrestar el poder y la
pujanza de las Ordenes Militares, en especial la calatraveña? A este respecto
son varias las opiniones y puntos de vista de los historiadores, sacándose la
conclusión de que los fines principales fueron de carácter político y económico.
Ricardo Izquierdo Benito, en su obra Castilla-La Mancha en la Edad Media,
publicada en 1985, lo explica del siguiente modo: «El primitivo núcleo de
población de Villa Real (futura Ciudad Real) se fundó en un lugar denominado
Pozuelo de don Gil, en término de Alarcos, junto a un camino que de Toledo
conducía a Andalucía. El privilegio fue concedido por Alfonso X el 20 de febrero
de 1255, otorgando aldeas y términos. Han sido varias las hipótesis que se han
mantenido con respecto a esta fundación, entre las que se señala, incluso en la
misma época, la insalubridad de Alarcos. Sin embargo, esto no parece muy
convincente, pues la proximidad de los dos núcleos haría que las condiciones
climatológicas fuesen similares. Además, el territorio ya contaba con otros
núcleos que se podían haber potenciado, sin necesidad de crear uno nuevo.»
El mismo autor nos recuerda cómo en el primitivo término fundacional se hallaban
las aldeas de Villar del Pozo, Ciruela, Poblete, Higueruela y Alvalá,
modificándose posteriormente por la integración de Alarcos y el desgajamiento de
Villar del Pozo, que pasó a la Orden de San Juan.
Desde los primeros momentos se vio claramente que Alfonso X ponía un especial
interés en la proyección de Villa Real, pensando, quizá, en una reestructuración
de su política castellana. Por otra parte, el lugar debía de ser bien conocido
por el monarca, pues ya en años anteriores su padre Fernando III y doña
Berenguela habían celebrado unas famosas «vistas».
El fuero otorgado a la naciente villa fue el de Cuenca, el más liberal y
completo de toda Castilla, concedido también a otros lugares de León y Aragón.
De esta manera se distinguía a Villa Real con no pocos alicientes para que
buscasen en ella asentamiento gentes de muy diversa condición, circunstancias
que no se daban en los territorios que permanecían en poder de las Ordenes
Militares. También se percibe en esta concesión real el deseo de la Corona de ir
consolidando una política de unificación legislativa en sus territorios.
APUNTES HISTÓRICOS
Villa Real, el antiguo Pozo de don Gil, pasará a llamarse Ciudad Real en 1420
-«Muy Noble y Leal Ciudad Real»-, título que le concedió Juan II. Comienza aquí
el período de mayor auge de la ciudad, llegando a su jurisdicción gentes de toda
la comarca y de fuera de ella, algunos judíos. Ya antes se habían producido aquí
acontecimientos de extraordinaria importancia histórica, como la muerte del
infante don Fernando de la Cerda, hijo de Alfonso X y heredero de la Corona.
Murió cuando preparaba una expedición contra los musulmanes. Su hermano don
Sancho se presentó de inmediato alegando sus derechos al trono e incluso
pactando concesiones con la Orden de Calatrava, que luego no cumplió.
Durante los últimos siglos de la Edad Media la villa vivió momentos de gran
esplendor, como el de la celebración de Cortes por Alfonso XI, recibiendo allí a
los embajadores del rey de Marruecos, pero también fue convertida en señorío de
nobles, príncipes y reyes.
Villa Real perteneció, entre otros, al infante don Fadrique, a la reina doña
María de Molina y a doña Juana de Portugal, esposa de Enrique IV. Y famosos
fueron sus enfrentamientos con la villa de Miguelturra, perteneciente a la Orden
de Calatrava. En 1421 se concertó en Almagro la paz con los calatravos y con su
maestre Luis de Guzmán, lo que, unido a las numerosas mercedes otorgadas por
Juan II, supuso para Ciudad Real un período de progreso y bienestar.
Por cierto que la visita de Juan II y su esposa a Ciudad Real coincidió con un
violento terremoto. Otro dato interesante para los aficionados a la Historia es
que el mismo don Alvaro de Luna fue durante algún tiempo almojarife y escribano
mayor de la ciudad, y que en 1449 se le otorgó voto en Cortes. En lo
eclesiástico, Ciudad Real dependió de la mitra toledana y en su fundación quedó
dividida en tres parroquias.
Los Reyes Católicos establecieron en Ciudad Real las siguientes instituciones:
Tribunal de la Inquisición, que funcionó los años 1483 a 1485, fecha en que fue
trasladado a Toledo. Creación de la Real Chancillería en 30 de octubre de 1494,
entidad equivalente a una Audiencia. Sólo existía otra en Valladolid, lo que
explica su gran importancia. La Chancillería ciudarrealeña tampoco tuvo lo que
se dice una larga vida, pues en 1505, tras la muerte de Isabel la Católica, fue
traslada a Granada, alegándose al principio que se trataba de un cambio
provisional, pero que resultó ser definitivo.
También dispuso Ciudad Real de Carta Regia en la que se confirmaban todos los
privilegios que le habían sido concedidos por los monarcas anteriores, ordenando
a infantes, duques, condes, marqueses, maestres, prebostes, comendadores,
oidores, alcaldes, notarios, etc., «que nos guarden e fagan guardar esta merced
e confirmación que de los dichos privilegios (franquicias, libertades, mercado
semanal y exención de algunos tributos) tenedores e de bustros buenos usos y
costumbres en que estades vos facemos en todo e por todo segund que en esta
nuestra carta se contiene... Dada en Valladolid a veinte y ocho días del mes de
abril del nascimiento de nuestro Salvador Jesucristo de mil e cuatrocientos e
setenta y cinco años».
La reina Isabel sintió una gran predilección por Ciudad Real, quizá en
compensación a la actitud beligerante de los ciudarrealeños ante los maestres de
Calatrava, de los que tan malos recuerdos guardaba. Por otra parte, Ciudad Real
debía ser lugar de paso de la reina en sus viajes a Andalucía
LA
INQUISICIÓN
La implantación de la Inquisición en Ciudad Real constituye uno de los capítulos
más tristes y negativos de su historia y del reinado de los Reyes Católicos.
Parece ser que la influencia de la población judía inquietó más de la cuenta a
los gobernantes de la ciudad, poniendo el asunto en conocimiento de los
monarcas. Cierto que durante aquellos años -siglos XIV y xv- los judíos
españoles no eran unos marginados como sucedía en otros países de Europa, sino
parte de la clase dirigente. Por otro lado, las conversiones al cristianismo
fueron falsas en la mayoría de los casos, llegando los conversos a ejercer una
gran influencia en la vida social, incluso mayor que la propia Iglesia, la cual
pudo sentirse agraviada. En cualquier caso, la verdad es que la aparición del
aparato inquisitorial en los pueblos de Castilla puso en entredicho la tan
aireada convivencia armónica de las tres culturas.
No pocos historiadores, entre ellos Juan Blázquez Miguel, entienden que una de
las causas -quizá la mayor- del enconamiento progresivo entre cristianos y
judíos pudo venir de la gran diferencia social que existía a favor de éstos, los
cuales acapararon riquezas y prebendas, provocando con su actitud las iras de la
población. A tal punto llegaron las cosas, que el 6 de junio de 1391 estalló en
Ciudad Real un tumulto que hizo correr mucha sangre, menudeando las violaciones,
los robos y el despojo de las propiedades de los judíos. A partir de ese
momento, los pocos judíos que quedaron no tuvieron más opción que renunciar a
sus creencias, aunque lo hicieron de manera ficticia.
No cabe duda que los Reyes Católicos vieron con inquietud tan enrarecido
panorama, existente también en buena parte de España. Los conversos comenzaron a
organizarse en una especie de resistencia pasiva, pero consolidando cada día más
sus posiciones. ¿Pensaron Isabel y Fernando que de este modo podría surgir un
Estado dentro del Estado unificado que ellos pretendían imponer? Es muy posible
que ésta fuera la razón por la que los soberanos solicitasen del Papa Sixto IV
les permitiese establecer en sus reinos la Inquisición, lo cual les fue
concedido el 1 de noviembre de 1478, mediante la bula «Exigit sincerae
devotionis affectus».
Tal y como estaban las cosas, la implantación de la Inquisición en Ciudad Real
no encontró apenas resistencia por parte de sus habitantes, pues la opinión
pública no sólo estaba preparada para ello, sino que el antagonismo hacia los
judíos y conversos -que para el pueblo eran una misma cosa- casi la estaba
pidiendo. La pregunta que se hacen algunos estudiosos de este fenómeno es por
qué precisamente hubo de ser Ciudad Real la población elegida para establecer
uno de los primeros Tribunales. Entre las opiniones que se barajan prevalece la
que se refiere a que el arzobispo Alonso Carrillo quiso de esta manera afirmar
su jurisdicción episcopal sobre la herejía y prevenir la intervención de otros
inquisidores en sus dominios eclesiásticos, a los que pertenecía Ciudad Real,
nombrando inquisidor a un tal doctor Tomás.
Otros autores afirman que fue debido a que urgía exterminar el gran número de
conversos de esta ciudad, pues Ciudad Real era conocida como uno de los
principales centros de propaganda judaizante. H. Beinart opina -y su opinión nos
parece bien orientada- que lo que se pretendió con el establecimiento de la
Inquisición en la hoy capital manchega fue preparar el terreno para su posterior
implantación en la propia ciudad de Toledo.
Siguiendo al historiador Juan Blázquez Miguel, autor de Ciudad Real y la
Inquisición, puede confirmarse que la Inquisición comenzó a funcionar en Ciudad
Real en 1483, permaneciendo hasta 1485, en que el Tribunal se asentó en Toledo
hasta su extinción en 1820. «Durante los dos primeros años de su existencia su
actividad se centró exclusivamente sobre los cripto-judíos avecindados en la
ciudad.
LA
SANTA HERMANDAD
La Santa Hermandad, como se sabe, fue creada por Fernando III el Santo en 1245,
cuando Ciudad Real era todavía Pozuelo de Don Gil. Consistía en una especie de
fuerza de seguridad cuya misión no era otra que limpiar los caminos de ladrones
y truhanes, los cuales se habían convertido en una seria amenaza para los
pacíficos transeúntes. Los reyes y pontífices concedieron a esta institución
abundantes privilegios, aunque parece ser que, como en tantas otras
instituciones ha sucedido, no siempre sus miembros actuaron con fidelidad a las
normas establecidas, llegándose a casos de excesivo ensañamiento, según reza en
las crónicas: una vez que los malhechores eran habidos por los cuadrilleros,
éstos «les quitaban la vida con saetas, dejándoles pendientes de los árboles a
escarmiento de los demás: viendo los pastores y ganaderos el gran fruto que de
esto se les seguía, voluntariamente les contribuían con una res de cada rebaño
para la manutención de la mucha gente que traían...».
Esto hizo que proliferase una leyenda negra contra la Santa Hermandad, que a
veces se confunde con la de la Inquisición. El propio Miguel de Cervantes alude
al asunto en el capítulo XLV de la primera parte del Quijote, cuando hace decir
al Caballero de la Triste Figura estas significativas palabras: «Venid acá,
ladrones en cuadrilla, que no cuadrilleros, salteadores de caminos con licencia
de la Santa Hermandad...»
Francisco Pérez Fernández se ha referido en varias ocasiones a este tema,
notificando que «los Reyes Católicos encontraron en esta "Vieja Hermandad de
Toledo, Talavera y Ciudad Real" el modelo que necesitaban para crear la "Nueva
Hermandad" de 1476, cuyas ordenanzas eran análogas, porque el cuadro que ofrecía
la España recién creada y unida necesitaba una fuerte política de represión y
castigo en las ciudades y en los campos. Subsistió, no obstante, la "Santa, Real
y Vieja Hermandad", aunque con quejas de algunos pueblos por los gastos que
ocasionaba la permanente milicia de cuadrilleros y también quizá porque más de
una y de dos veces se excedieron, con rigorismos que les enajenaban simpatías y
engendraban odios y malquerencias».
Siguiendo el relato de Pérez Fernández, se advierte que la relación entre Ciudad
Real y la Santa Hermandad debió de ser muy estrecha, tanto que «el historiador
local don Luis Delgado-Merchán dedica la tercera parte de su obra Historia
documentada de Ciudad Real a esta institución y el historiador clásico Pedro de
Medina, siglo XVI, en su famosa obra Libro de grandezas y cosas memorables de
España, considerada como la primera en antigüedad de nuestras "guías"
geográficas, dedica su capítulo LXXVII a Ciudad Real y, después de aludir
brevemente a la inundación sufrida por el desbordamiento del Guadiana en 1508,
todo lo demás se reduce a describir la Santa Hermandad, sus Ordenanzas y las
tristemente famosas horcas de Peralvillo, donde se asaetaba a los delincuentes y
se exponían sus cadáveres».
La Santa Hermandad fue una de las instituciones españolas demás larga duración,
pues llegó hasta el siglo XIX, bien que considerada ya por la sociedad como un
puro anacronismo. Fue la reina-gobernadora doña María Cristina quien la hizo
desaparecer mediante decreto. Era el 7 de mayo de 1835. Por cierto que en dicho
decreto estampaba su firma un ilustre hijo de Ciudad Real: don Diego Medrano y
Treviño, quien en aquellos momentos ocupaba el cargo de Secretario de Estado y
se ocupaba del despacho de lo interior.
Como sucedió con la Inquisición, la opinión pública también fue contraria al
comportamiento de la Santa Hermandad. En lo que se refiere a su implantación en
Ciudad Real y su demarcación, las crónicas resultan harto elocuentes de la gran
cantidad de tropelías cometidas, aunque también fueron muchos sus buenos
servicios prestados a la sociedad.
Casa donde nació Hernán Pérez del Pulgar. Hoy es residencia del Museo López
Villaseñor.
LA
CHANCILLERÍA
Nos hemos referido muy de pasada a la Chancillería de Ciudad Real y el tema
merece una mayor atención, pues el otorgamiento de tan alto rango judicial por
parte de los Reyes Católicos colocó a esta ciudad entre las más importantes de
España, dado que, como queda dicho, sólo otra Chancillería existía en Castilla,
que era la de Valladolid. Las razones de tan señalado privilegio real obedecen
tanto a la fidelidad de los ciudarrealeños a la Corona, como a la situación
geográfica de la misma.
En viejas crónicas halladas al comienzo del siglo xx por el erudito don Inocente
Hervás y Buendía se dice que «estando los Católicos Reyes sobre la ciudad de
Málaga, que fue el año de mil y cuatrocientos y ochenta y siete, pidieron a
Ciudad Real los sirviese con gente y subsidios, y les asistió con la lealtad de
siempre. Y después honraron sus majestades a Ciudad Real con poner en ella una
Real Chancillería, con título de perpetuidad, donde hubo presidente y oidores.
Fue el año de mil y cuatrocientos y noventa y cuatro, y estuvo hasta el año de
mil y quinientos y cuatro, en que sus reales majestades, habiendo conquistado a
Granada, con el fin de asegurarla y ennoblecerla, y quietar y pacificar aquel
reino, la llevaron a dicha ciudad de Granada. Se llevaron el sello de Ciudad
Real para la de Granada, (por) que iba depositada a dicha ciudad».
La década en que la Chancillería estuvo en Ciudad Real fue la de su mayor
influencia en la vida castellana, pues a la capital manchega llegaban de
continuo gentes de todos los lugares a dirimir sus pleitos y problemas con la
justicia. Un tribunal de tan alta categoría proporcionábale relaciones extensas,
visitas e ingresos en consonancia con el gran territorio que dependía de su
jurisdicción.
No fue posible a los ciudarrealeños mantener tan importante baza jurisdiccional,
por mucho empeño que pusieron. Las razones reales eran de gran envergadura y no
admitían la más mínima reconsideración. Más cuando la reina Isabel, que era la
gran protectora de Ciudad Real, había fallecido un año antes. Fue a partir de
entonces cuando dio comienzo el declive de Ciudad Real, del que todavía no se ha
recuperado. La Chancillería fue suprimida según cédula expedida en la ciudad de
Toro, cédula que no se conserva, aunque sí el acta de haberse cumplido la orden.
HERNÁN PÉREZ DEL PULGAR
Hernán Pérez del Pulgar, al que algunos despistados historiadores han confundido
en más de una ocasión con su casi homónimo Hernando del Pulgar, cronista de los
Reyes Católicos, es el primer caballero renacentista nacido en Ciudad Real.
Soldado y escritor al estilo de Jorge Manrique, se le conocen obras como Mis
proverbios, de índole filosófica; Historia de las hazañas del Gran Capitán don
Gonzalo de Córdoba y Carta a don Antonio de la Cueva, modelo del género
epistolar, tan en boga en aquellos tiempos.
Nacido el 22 de julio de 1451, en una casa que hoy alberga el Museo dedicado al
pintor Manuel López Villaseñor, su vida fue todo un ejemplo de fidelidad a los
Reyes Católicos, distinguiéndose en la conquista de Granada como un valeroso
caballero. Junto al marqués de Cádiz, al duque de Medinasidonia y Gonzalo de
Córdoba, unas veces, y con responsabilidad individual y nombre propio en otras,
Hernán Pérez del Pulgar, también llamado «el de las hazañas», protagonizó
infinidad de lances decisivos para el triunfo en aquella guerra final contra el
reino naserita. Famosa es la gesta que protagonizó, junto a otros soldados,
cuando Granada era todavía sarracena y sus puertas se guardaban y defendían en
todo instante. Se cuenta cómo el caballero manchego y el grupo que mandaba
supieron burlar a los centinelas, llegando hasta la puerta principal de su
mezquita mayor para clavar allí, con su puñal, el pergamino donde figuraba el
nombre del «Ave María», profanado anteriormente por las gentes de Boabdil.
Hernán Pérez del Pulgar participó en el socorro de Alhama y en la lucha desigual
de la llanura del Cantaril; en la conquista de los castillos de Zalía y del
Salar, «fortalezas inexpugnables -como refiere Pérez Fernández- para brazo y
corazón menos animosos; en la batalla de Bentomiz y en la rendición de Málaga;
en la victoria del Zenete, en el cerco de Salobreña y en tantos hechos de que
nos hablan los cronistas y refieren sus biógrafos».
Los últimos años de su vida transcurrieron de manera pacífica, dedicado a la
agricultura y recordando su ajetreada historia, de la que tan orgulloso se
sentía. Fijó su residencia en Granada y allí murió el 11 de agosto de 1531. Sus
restos mortales descansan en una capilla próxima a la Catedral, levantada
justamente sobre el solar de la mezquita donde llevó a cabo la aludida proeza
del «Ave María».
Tras la estela brillantísima de Hernán Pérez del Pulgar, la historia de Ciudad
Real entra de lleno en el Renacimiento, dejando atrás las luchas medievales con
las Ordenes Militares, especialmente la de Calatrava, que tuvo a la ciudad de
Almagro como su sede central y su más firme baluarte defensivo. Curiosamente, en
Pérez del Pulgar se dio el caso de pertenecer a una linajuda familia de
caballeros fieles a la reina Isabel y, por tanto, enemiga de los calatravos, con
los que se enfrentaron muchas veces. Su padre, don Rodrigo, murió en uno de esos
encuentros.
Por otra parte, los reyes de la Casa de Borbón se preocuparon de ir formando un
censo cada vez más aproximado a la realidad social del país, comenzando por el
que se encargó al Conde de Aranda en 1768. Capítulo interesante de este siglo en
La Mancha es lo concerniente a la capitalidad de la provincia, otorgada a Ciudad
Real en primera instancia (1691) para pasar posteriormente (1750) a Almagro,
capital secular del Campo y de la Orden de Calatrava.
Los almagreños no se resignaron nunca a perder su hegemonía provincial, por lo
que aguardaron el momento oportuno para recuperarla, aunque sólo fuera por
espacio de once años. Ello fue mediante gestión directa de don Juan F. Gaona y
Portocarrero, conde de Valparaíso, personaje muy vinculado a la mencionada Orden
y ministro a la sazón de Fernando VI. Sin embargo, una vez fallecido el monarca
en 1759, las cosas comenzaron a ir mal para la causa de Almagro, que perdería su
capitalidad durante el reinado de Carlos III, pasando definitivamente a Ciudad
Real, al principio regida por un intendente, pero no tardaría en convertirse en
corregimiento.
EL
SIGLO XX
No obstante, tras la Restauración borbónica, a la que no fue ajena Ciudad Real,
pues el militar Balmaseda, residente en dicha capital, colaboró muy
estrechamente con Martínez Campos, la situación económica fue mejorando
paulatinamente, coincidiendo con el comienzo del desarrollo industrial del país.
La Dictadura de Primo de Rivera, contra la que se sublevaron los artilleros de
Ciudad Real el 29 de enero de 1923, se considera una época beneficiosa para esta
provincia.
EL
ARTE DE LOS SIGLOS XIX Y XX
Si bien las corrientes estilísticas heredadas del Neoclasicismo proseguirán su
influencia durante buena parte del siglo XIX, lo cierto es que la desaparición
del Antiguo Régimen y el ascenso de la burguesía como clase social producirán
formas artísticas nuevas. La provincia de Ciudad Real, algo distante de un
desarrollo equilibrado y armónico, subordinada al centralismo madrileño,
conocerá los avatares propios de las provincias agrícolas del interior y el
inevitable desfondamiento artístico.
En arquitectura civil no se producen intervenciones de importancia hasta bien
avanzada la segunda mitad del siglo XIX. La Casa Consistorial de Ciudad Real
(demolida y sustituida por el edificio de Fernarido Higueras, 1971) fue
proyectada por el arquitecto provincial Cirilo Vara y Soria, en 1865, y viene a
ser una de las primeras expresiones del nuevo lenguaje, que recurre a la
dignidad y el decoro como opciones estilísticas, como aplicó en el Teatro
Municipal de Almagro (rehabilitado en 1986, según proyecto de Miguel Fisac) y la
desaparecida Puerta de Ciruela de la capital, en una clara sintonía entre
valores morales y formales. Pero además de la producción culta, ligada a la
Academia, que ejecutan los arquitectos, está la de los constructores y maestros
de obras como Manuel Gómez, autor de la primera versión de la Plaza de Toros
ciudarrealeña.
El eclecticismo constituirá el primer movimiento por el que los nuevos ideales
arquitectónicos se emancipan del anterior dogmatismo neoclásico,
singularizándose en la provincia en las figuras de dos arquitectos de fin de
siglo. Vicente Hernández construye el Seminario Diocesano (1882) y el Palacio
Episcopal (1883), en la capital. Incorpora aquí el hierro en pilares y vigas, y
utiliza el ladrillo como pieza base en las fachadas, así como materiales
industriales seriados. El esquema tipológico es de doble patio unidos por
escalera. Y el segundo arquitecto, Sebastián Rebollar, que proyecta, también en
Ciudad Real, el Mercado, el Casino (ambos de 1887) y el Palacio de la Diputación
Provincial, de 1889. Este último edificio, uno de los mejor conservados y sobre
el que se han practicado diversas reformas a lo largo del tiempo que no han
alterado su imagen, es una de las obras más importantes del XIX en toda la
provincia. Consta de tres fachadas libres, la principal frente a la Plaza de la
Constitución, con cuerpo retranqueado de tres huecos y columnas sobre la
entrada, con remate de elementos circulares y cúpulas en las esquinas. El primer
cuerpo se reviste de piedra caliza y el segundo es de ladrillo aplantillado. En
una de sus fachadas laterales, junto a la Iglesia de la Merced, se da nuevamente
el gran hueco retranqueado con columnas y frontón. En su interior posee espacios
muy interesantes. Del mismo arquitecto se puede apreciar, en la Plaza del Pilar,
el edificio del Banco de España (1903), rehabilitado por otra entidad bancaria.
Muchas de las soluciones constructivas de Rebollar anticipan planteamientos y
formas del Modernismo.
Una actitud que se prolonga en las edificaciones de Florián Calvo, arquitecto de
la capital desde 1902, de cuyas numerosas obras podemos destacar sus trabajos en
el campo de la vivienda burguesa o los modelos diseñados en 1919 para la
actualmente inconclusa Plaza Mayor de Ciudad Real, y del puertollanense Telmo
Sánchez (Fachada del Colegio San José, 1929), sustituto de Rebollar como
arquitecto provincial, muy diverso en registros y próximo al «nouveau».
Sin embargo, a la ausencia de obras de gran brillantez artística, hay que sumar
la demolición que el desarrollismo urbanístico trajo como consecuencia,
privándonos por ejemplo, entre otros casos, de edificios como el Cinema
Proyecciones (Ciudad Real, Vicente Labat, 1933), magnífica obra racionalista y
«decó», o de los construidos por José Arias, del que apenas si podemos conocer
algún ejemplo como la «Casa Fuertes» (1934).
El discurso arquitectónico de las décadas siguientes bien poco aportará al
patrimonio artístico provincial, aunque debemos reseñar la acción del Instituto
Nacional de Colonización, entre los años 1950-1965, según proyectos de José Luis
Fernández del Amo, uno de cuyos méritos fue la valoración plástica de los
materiales más populares en contacto con un racionalismo estético en la
concepción arquitectónica y espacial
Palacio de la Diputación Provincial, proyectado por Sebastián Rebollar en 1989.
Ejemplar muestra del eclecticismo arquitectónico de fin de siglo, es uno de los
edificios más interesantes de la época.
La obra de Areán,
Vaquero y Posada en el Jardín del Espino (1984); la Central de Telefónica
(1990); los nuevos centros del Campus Universitario de Ciudad Real (Fernández
Alba, 1992) o el edificio de Correos y Comunicaciones (Barberá Platas, 1992),
los tres últimos en la capital de la provincia.
En las artes plásticas, los primeros artistas de importancia que aporta el siglo
XIX son el pintor Joaquín Araujo Ruano (Ciudad Real, 1851-Madrid, 1894),
excelente dibujante, que vivió en París desde 1872 y ejerció un costumbrismo
realista. El gran pintor de entre siglos será Angel Andrade (Ciudad Real,
1866-1932), un luminista y paisajista que fue poco reconocido por el arte
oficial y acabó olvidando la modernidad del nuevo siglo por el ambiente
provinciano. El posimpresionismo de Andrade servirá de hilo conductor a varias
generaciones pictóricas manchegas. Contemporáneo, pero más cosmopolita y
viajero, fue Carlos Vázquez (Ciudad Real, 1869-Barcelona, 1944), ilustrador,
fotógrafo y pintor de temas galantes y etnográficos.
Fueron artistas aislados, sin conciencia de grupo ni el menor arraigo cultural
que favoreciera la creación de movimientos artísticos importantes en un medio
rural poco avanzado, y con Madrid como gran referente socio-económico-cultural,
fenómeno que durante muchas décadas han vivido las provincias de su entorno
geográfico inmediato.
En la escultura, es Felipe García Coronado (Ciudad Real, 1902-1937), alumno de
Victorio Macho, la figura inicial de nuestro siglo. Joaquín García Donaire
(Ciudad Real, 1926), autor de distintos registros pero atento al concepto de
figura, fue el continuador de un género poco frecuentado en esta provincia.
Aunque no agrupados en escuelas ni movimientos de grupo, sí se producen en la
provincia, especialmente a partir de los años cincuenta, ciertas tendencias
afines, siempre bajo propuestas figurativas. Algunos de los argumentos
pictóricos más notorios de toda una generación de posguerra se encuentran en el
realismo dramático y casi superrealista de Manuel López Villaseñor (Ciudad Real,
1924, con un museo monográfico abierto en su ciudad natal.
La renovación del panorama artístico contemporáneo en la provincia de Ciudad
Real llegará por medio de una aislada generación «intermedia» cuyo nombre más
representativo es el ciudarrealeño Mon Montoya (1947), uno de los artistas de
vanguardia que representaron a España en la Bienal de Sáo Paulo de 1977. A dicha
generación pertenece igualmente Angel Seco (Ciudad Real, 1949), único creador de
tapices modernos.
En 1977 surgía en Ciudad Real el único grupo artístico conocido hasta ahora, el
Taller Experimental de Artes Visuales (TEAV, 1977-1981), formado por algunos de
los más inquietos artistas jóvenes de la ciudad, animados por un ardoroso
espíritu crítico-alternativo hacia las estructuras artísticas convencionales. El
artista con más proyección surgido de ese grupo será Carlos Muñoz Mendoza
(Ciudad Real, 1955).
ACTUALIDAD
En su conjunto el desarrollo de los últimos años, se debe al crecimiento de los
servicios estatales. Que duda cabe que la socialización de la medicina crea en
todas las capitales de provincia un alto número de puestos de trabajo y a su vez
desarrolla la actividad comercial. El crecimiento de los funcionarios y
actividad comercial hace que el 81’4 % de su población viva del sector
servicios.
La Autonomía tiene por otra parte elementos positivos en la ciudad, al crear en
ella el Rectorado de la Universidad y reconvertir los Colegios Universitarios en
Facultades de Letras y Ciencias Químicas, que con la creación de nuevos estudios
permite, que ya en el curso 93/94 tenga la cifra de 6.988 alumnos en nueve
centros universitarios, y ligado a ello crecimiento del número de profesores, de
infraestructuras, bibliotecas, aularios, etc.
Universidad, AVE, creación de grandes áreas comerciales etc, hacen que esta
ciudad que 15 años antes apenas llegaba a los 50.000 habitantes, tenga en el
padrón del día 1 del 1 de 1994 62.072 habitantes, de derecho y algunos miles más
de hecho. Su área comercial en 30 Kms., cubre más de 200.000 habitantes y si se
integran los municipios tan cercanos a él, como Miguelturra y otros de hecho
totalmente integrados, la convierten ya en una verdadera ciudad, en una capital
real de su provincia.
El núcleo urbano tan importante en épocas históricas pasadas no tiene sin
embargo el honor de haber conservado su patrimonio histórico y la ciudad aparece
como una población de viviendas nuevas sobre una estructura urbana antigua, lo
que dificulta la circulación, y solo lo que fue su antigua muralla de ocho
puertas puede acercarse a lo que es una Avenida.
A conservado sin
embargo sus tres viejas parroquias de Santa María, San Pedro y Santiago, pero no
así la judería o la morería. Entre las dos primeras parroquias es interesante su
plaza, pero no ha habido acuerdo de mantener un estilo arquitectónico para toda
ella, y donde el ayuntamiento no se adapta al tipismo manchego que hubieran los
naturales querido mantener, sin embargo es un precioso edificio de Fernando
Higueras, en las calles que le rodean se desarrolla la mayor actividad de la
ciudad, y no muy lejos están algunos de los Conventos y Palacios que aún quedan,
como el Palacio de la Diputación de estilo neoclásico y cuatro de los cinco
Museos que tiene la ciudad, siendo muy interesante por los restos arqueológicos
que guarda, el Museo Provincial.
Fuera de la Ronda las Avenidas empiezan a tener funcionalidad, de ellas la
Avenida de los Descubrimientos que pasando por la estación del AVE recorre la
Universidad, Polideportivo, centro comercial, Nuevo Parque, etc, puede ser una
de las más atractivas al este de la ciudad. Al oeste el Seminario, Ciudad
Jardín, Pabellón de Exposiciones y Congresos, etc, en una ciudad que entre sus
virtudes cuenta con amplias áreas de espacios verdes y es el centro de múltiples
actividades culturales tanto en ella como en los entornos que la rodean, donde
Alarcos, Calatrava la Vieja, y los cercanos Almagro, Daimiel, etc, son solo un
ejemplo pero muy importante de su atractivo.
Perteneciente al
partido de Ciudad Real y situado a una altura de 635 m. sobre el nivel del mar
en la comarca de Campo de Calatrava.
Siendo su superficie total de 285 Km2., se censan en 1991 60138 habitantes
(51118 en 1981). Estos se distribuyen en 58421 en el núcleo municipal y 1717 en
los agregados. (Las Casas, Valverde, La Poblachuela.).
En cuanto a las
características los domicilios, cuenta con 21496 viviendas familiares, de las
cuales 16204 son domicilio principal, mientras que 1619 son secundarias,
asimismo existen 45 viviendas abandonadas y 3187 comunales.
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